hojadepapel

Siento que, de todos mis actos pasados y sucedidos con reglas anteriores que actuaban bajo quizá que preceptos que solía levantar como estardantes y que moldeaban mis decisiones, lo más rescatable fue haber mantenido esa egolatría (a veces, pedante) que se cuestionaba continuamente para volver a renacer más fuerte que antes. (Pues los que se quedan con principios inalterables e incuestionabes, también mal conocidos como "seres consecuentes", realmente son ignorantes aterrados de la fragilidad de sus ideas y que no saben como reinventarse en un mundo que cambia constantemente).
La cosa es que, siempre antes lograba, por medio de argumentos sólidos, re-afirmar mi soberbia.
Hoy, aunque la autoestima sigue intacta e igual de alta, lo ególatra ha sufrido un poco. Desde hace algún tiempo descubrí que a veces, hay gente que tiene más talento para ciertas cosas, por lo que es más probable que las hagan mejor que yo. (Algo tan obvio para la mayoría, a mí me ha costado tres mundos aceptarlo).
Y, ahora me descubro indefensa. Frente a desafíos que no tengo ganados de antemano. Y, en contradicción con toda mi naturaleza de "Hola, soy Andrea y estoy en busca de nuevos retos", simplemente, no me agrada.
Y por eso me escudo en argumentos que buscan justificarlo todo en base a un error primero: algo que está viciado desde el principio no puede prosperar, me digo, pues, la verdad, es que estoy aterrada de fracasar.

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